Perdida y encontrada

Pelín perdida me hallo últimamente..pero oye, haciendo realidad una de mis ilusiones de toda la vida: escribir para una revista.

Os dejo uno de mis artículos para Malicieux Magazine, un repaso a nuestra autoestima y a las diferentes relaciones que establecemos con los demás según la que establezcamos con nosotros mismos. ¡Espero que os guste!

Encantada de conocerme

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Apología a la vida

bici-brazos

Es raro encontrar a alguien a quien le guste hablar de la muerte.

Hace un tiempo, por inquietudes tanto personales como profesionales, comencé a interesarme más por este tema. Para mi, como supongo que para casi todos los mortales, hablar de este asunto es (o era) algo peliagudo, algo que “mejor no se nombra porque da mal rollo”, algo que está ahí pero es mejor no tocarlo hasta que un día no te quede más remedio que enfrentarlo cuando te toque a ti. Para mi sorpresa, acercarme a la muerte, aunque sea por el mero hecho de reflexionar sobre ella, ha sido lo que más me ha acercado a la vida.

Recuerdo que en una charla a la que asistí sobre actitudes hacia la muerte hablábamos sobre cómo prepararnos para ella y una mujer hizo una pregunta en alto:

“Pero no entiendo lo de prepararnos para la muerte ¿Cómo se prepara uno para eso?. Mis padres son muy mayores y sé que debería prepararme para su muerte, pero ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Sentarme en el sofá a pensar cómo sería que ellos se murieran?”

Aquella reflexión me hizo sonreír, porque me recordó a lo que yo pensaba antes de sacar el valor para enfrentarme al tema de la muerte de una forma más activa y consciente. Yo hubiera usado esas palabras exactas un tiempo atrás. Con el tiempo me di cuenta de que no había nada más lejos de la realidad.

Antes de seguir, me gustaría recalcar que todo lo que yo digo o reflejo en este espacio es sólo una opinión personal, basada en mis propias experiencias y en lo que a mi me ha llevado a adoptar una determinada actitud ante la vida. No pretendo dar lecciones de vida a nadie, ni convertir mis palabras en un texto de autoayuda o manual de instrucciones, ni por asomo. Ni me creo con esa capacidad, ni quiero tenerla. Cada cual tiene su manera de enfrentarse a aquello que le da miedo. Para mi, en el tema de la muerte, hubo momentos de reflexión como los que dijo aquella mujer, momentos en los que me senté a pensar en qué era la muerte, qué supondría para mi tanto la propia como la de otros, qué había visto que la muerte hacía en los demás (en los que se quedan). Sin embargo, poco a poco mi manera de acercarme a la muerte fue variando.

Creo que hay que aceptar la muerte, quitarle el matiz de tema tabú. Sé que probablemente estas palabras suenen a filosofía barata, pero cuando hablo de aceptación no me refiero a pensar en la muerte y que nos dé igual, eso es imposible. Me refiero a aceptar que está ahí y que puede aparecer en cualquier momento: ahora, en cinco minutos, en dos horas, mañana, en dos meses, en diez años o en 40. Y no hay absolutamente ninguna forma de evitarla. Obviamente, por nuestra parte queda evitar ciertas conductas de riesgo que podrían atraerla, pero eso es sólo una minúscula parte de las posibilidades de morir: las causadas por nosotros. El resto está ahí, nos guste o no, y no hay nada que podamos hacer contra ella.

Personalmente, no me importa reconocer que nunca me caractericé por ser una persona positiva.Veía a determinadas personas que siempre sacaban la parte positiva de sus experiencias por malas que fueran, que siempre esperaban lo mejor o que simplemente eran felices con muy poco. Yo siempre había sido más de ir con excesivo miedo a veces, de esperar grandes cosas, de exigir demasiado tanto a mi como a los demás… y curiosamente lo único que me hizo cambiar esto fue aproximarme a la muerte. “Escuchar” a la muerte me hizo ser más consciente de las cosas, del presente, y a partir de ahí mi actitud fue cambiando sola.

Existen dos motores que mueven mi vida desde que tengo uso de razón: la música y las personas.

La música porque es la mejor forma de expresión que conozco y las personas porque, sin ellas, yo no sería quien soy. Para mi, la mayor fuente de conocimiento del ser humano es otro ser humano; o mejor dicho, otros, en un enorme plural. Somos quienes conocemos, un pedacito y un reflejo de todas aquellas personas que nos cruzamos en la vida, ya se queden mucho o poco rato.

Supongo que por esta pasión que siento hacia el ser humano es por lo que decidí dedicarme a la psicología, porque no hay una sola persona que no me resulte de interés, de la que no pueda sacarse algo con lo que quedarse. Hasta la persona que nos parezca más básica del planeta puede aportarnos una idea “Yo no quiero ser insulso” o “Qué fácil ve todo esta persona, cómo me gusta a mi complicarme la vida…”. Es lo apasionante de las personas, el mundo nuevo que supone cada una y cómo su mundo puede cambiar el tuyo.

Hay personas que son como el magma volcánico y pueden aparecer y quemar o destrozar muchas de las cosas que habías cultivado y dejarlas sepultadas si lo permites, ahora está de moda llamarlas “gente tóxica”. Hay otras que, al contrario, parece que van regando el campo de todo el mundo con lo que transmiten; y otras que me gusta llamar “personas huracán” porque aparecen un día y te desmontan todo: tus principios, tus percepciones, tu dinámica general. Éstas últimas son mis favoritas.

Hace muy poco me topé con una persona de este tipo cuya actitud general hacia la vida me resultó extraña y hasta disparatada en algunos aspectos, bajo mis principios. Esta persona había conocido la muerte de primera mano y un día, mientras yo hacía esfuerzos por comprender porqué hacía determinadas cosas, me dijo algo que me recordó todo lo que yo había aprendido un tiempo atrás, pero parecía que había olvidado: “La vida es un momento”. Con el paso del tiempo, no sólo he aceptado su forma de ver las cosas, sino que intento aplicarme muchas de ellas.

He pasado tiempo preocupada (en exceso) por mi futuro, por encontrar mi camino y por no confundirme a la hora de tomarlo, creo que a muchas personas en este momento vital les ocurre de igual forma. He malvivido o malgastado tiempo preocupada por escoger un camino que, afortunadamente, tengo claro desde hace bastante tiempo. Sé qué es lo que quiero obtener en mi vida, cuál es el proyecto que me gustaría desarrollar a largo plazo, en lo profesional y en lo personal; pero he estado intentando correr por él hasta la meta, como si por ir más despacio alguien fuera a sacarme de él.

En ese tiempo, cada canción que escuchaba o cada historia que veía en los demás me sabía a melancolía por todo aquello que me falta, o más bien por todo lo que me gustaría llegar a tener y aún no he conseguido. Buscando por las esquinas de forma estúpida cadenas para amarrarme a mis principios en todos los sentidos, como si la única forma de tener claro lo que quiero fuera teniéndolo ya, demostrándolo, exhibiéndolo. Como si coger atajos, pararme a descansar, entretenerme un rato mirando algo que me llame la atención..fueran cosas que supusieran salirme de mi camino.

Y aquí es donde la muerte es la mejor aliada ¿Qué coño hago impacientándome por conseguir cosas que quizás nunca consiga? ¿Y si todo se acaba mañana? ¿Mi vida carecerá de sentido porque el único sentido que le estoy dando es conseguir mis objetivos a largo plazo?

¿Cómo se prepara uno ante la muerte?

Uno se prepara ante la muerte cuando deja de vivir con todas las esperanzas y objetivos puestos en mañana, cuando deja de hacer y moverse exclusivamente por lo que vendrá.

Uno se prepara ante la muerte cuando se despierta y afronta el día con entusiasmo, entendido como la oportunidad de permitirle al día que te sorprenda, por muy malos días anteriores que lleves.

Uno se prepara ante la muerte cuando al irse a dormir saca lo aprovechable del día, aunque sólo sea la sensación de estar en la cama calentito después del día de mierda que ha tenido. Cuando pone sus esfuerzos en sentirse aliviado si un día malo ha terminado, en vez de ponerlos en revivirlo.

Uno se prepara ante la muerte cuando tiene dudas y pregunta, cuando quiere conocer y se aproxima a algo, cuando no quiere dejar de aprender, cuando piensa que cada día nuevo es una oportunidad para ello.

Contesté a aquella mujer que prepararse para la muerte de sus padres no era sentarse a imaginarla. Después de todo, para sufrir la muerte de alguien, ya habrá tiempo cuando llegue. Prepararse para la muerte de alguien querido es simplemente querer a esa persona y demostrarlo más allá del sentimiento de amor que tenemos dentro de nosotros, es no dejarnos nada por decirle, es recordarle de vez en cuando lo que significa para nosotros, es cuidarla, es exprimirla.

Y de la misma manera con la vida: amar la sensación de vivir y demostrarlo más allá de pensarlo. Sonreír, llorar, y agradecer que podamos hacerlo, caminar, descubrir, equivocarnos, arriesgar, experimentar, no dejarnos nada por hacer por autocensurarnos demasiado, recordarnos a nosotros mismos que esto se puede acabar cualquier día, que las circunstancias tal y como las conocemos pueden variar de un día para otro. Y para los de mi generación: que está bien labrarnos el futuro que queremos, pero nunca a costa de dejar de vivir el presente porque, al fin y al cabo, es lo único que tenemos con seguridad. Disfrutar de nuestra salud, quitar el “zoom”, restar importancia a las cosas que nos quitan el sueño y observar lo que tenemos que ya quisieran muchos otros, conocer puntos de vista diferentes e intentar comprenderlos, porque nunca sabemos si al final nos harán cambiar el nuestro, conocer a las personas y los motores que mueven a cada una de ellas, porque cuanto más conozcamos, más nos llevaremos.

Vivir.

Esa es mi estrategia para prepararme hacia la muerte.

Con cariño para mi compañero Jordi, por ser otra de esas personas “huracán” que cambian tu forma de percibir las cosas y porque se lo debía.

Distancia

Acortar-distancia

Te da por venir de vez en cuando, ya sea porque sí o porque te reclaman.

Vienes y, según el tiempo que te quedes, puedes convertir lo presente en pasado

o lo pasado en presente.

Puedes venir un tiempo y marcharte, o quedarte para siempre y pedir que a partir de ahora te llamen “despedida”.

A veces vienes y te da por destrozar las cosas,

otras veces haces las cosas de un material casi indestructible.

Algunas veces, cuando vienes, puedes quitar de en medio las dudas y convertirlas en lucidez.

Otras te da por llenar la lucidez de dudas.

Hay veces que tu presencia me sabe a gloria,

…otras me agrias los días.

Esos días que cuando estás por aquí, echar, siempre es de menos.

Posibilidades

Pasa algo últimamente. open door

Hoy,ayer,antes de ayer y el anterior y el otro y el otro. Y mañana seguramente también. También voy a pensar mucho. Voy a pensar en tantas cosas, que al final del día no habré pensado realmente en nada. Pero es que de vez en cuando nos tocan días de estos.

De vez en cuando nos tocan días de inventar opciones. Y digo inventar porque hay veces que realmente sólo existen 4 opciones posibles, de las cuales sacamos unas 300 bifurcaciones sin tener ya demasiado claras cosas tan importantes como la voluntad o la posibilidad misma de realizarlas. Pero oye, sacamos las 300, que no se diga. Para que se vea que le hemos dado vueltas al asunto o aunque sea por autocomplacernos engañándonos por pensar que hemos desechado 299 opciones y hemos escogido una que, por ende, debe ser la que queremos.

De vez en cuando nos tocan días de mirar hacia el horizonte y que nos bailen en la cabeza las palabras aquellas de “Es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Y no saber ya si lo que conocemos es malo o es bueno, si queremos conocer otra cosa, si realmente no va a venir nada mejor o si directamente es mejor lo malo por conocer que lo bueno conocido.

De vez en cuando nos tocan días de sentirnos en la cresta de la ola, dominando nuestro equilibrio y excitación sobre la tabla; y en menos de dos horas, no sólo nos hemos caído de la tabla, sino que la ola nos ha arrastrado a la orilla, hemos dado una voltereta en el agua, estamos abiertos de piernas en una postura ridícula con nuestras partes nobles a la vista de todo el mundo de la playa y con algas en la cabeza.

Nos tocan días de sentir que lo hemos dado todo, todo y todo esta temporada. Y seguramente también la anterior. Hemos asistido a los entrenamientos con actitud y motivación, hemos practicado horas extra por nuestra cuenta. Y a la hora de jugar el partido, chupamos banquillo.

Hay días que sólo quieres ir deprisa y saltarte la vida un poquito. Para ver qué pasa luego y si es más interesante que esto. O para ver cómo funcionarían las cosas si escogieses esta opción y no aquella. Esta en vez de la otra.

De repente un día te levantas y empiezas a tachar opciones, 298. 299.

Miras al horizonte y te importa un carajo cómo sea lo que va a venir, porque va a venir y punto. Y, aunque a veces lo mires de noche y no veas una mierda, sigue siendo horizonte. Y al día siguiente; a las 8 de la tarde, al atardecer, lo verás igual de bonito.

Te levantarás delante de toda la peña en la playa y te irás andando como un tomate hacia tu toalla quitándote algas de la cabeza. Pero a la media hora nadie se acordará de las algas. Y lo mismo hasta te atrevas a bañarte otra vez, esta vez sabiendo mucho mejor como dominar la ola.

Te levantarás del banquillo y te darás cuenta de que si no estás jugando, ese no es tu partido. Quizás ni sea el equipo que buscas. Y decides invertir todo tu esfuerzo, tus ganas y tu trabajo en un equipo que te quiera y te necesite en primera posición.

Empezarás a cogerle el gustillo a esto de vivir despacito. A ver en tu inocencia, valentía. En tu miedo, ternura y en tu vida, posibilidad.

Para todos aquellos que al leer esto, entiendan de qué va. Porque tengáis la edad que tengáis, estaréis, como yo, creciendo un poquito más.